jueves, 21 de octubre de 2010

Un hombre no es sincero cuando habla de sí mismo, dale una máscara y dirá la verdad.

Cuando somos niños nuestra vida tiene un sentido muy simple, queremos jugar y divertirnos, ¡bendita inocencia!. Ni siquiera nos planteamos hacia donde va nuestra vida, sin embargo llega el momento fatal, la adolescencia. Ahí  se nos cae la venda de los ojos y vemos por primera vez la inmensidad del mundo que se abre ante nosotros, nos entra el miedo y dejamos de ver ese camino tan claro que veníamos siguiendo para continuar el camino sin un rumbo y con la constante pregunta de si algún día volveremos a encontrarlo.
Preguntando por ahí sobre el sentido de la vida obtenemos algo muy paradójico: no sabemos que sentido tiene nuestra vida, pero sí sabemos que lo tiene. ¿Cómo? Lo intuimos, esperamos que lo tenga, porque sino sentiremos que hemos vivido para nada.

Imagino mi funeral y me veo pensando si mi vida ha servido para algo. Y creo que si he de hacerme esa pregunta, será mala señal. Porque espero llegar al final de mi vida teniendo la seguridad de que mi existencia ha cambiado algo o a alguien, que hubo un antes y un DESPUÉS de mi.

365 formas de darle sentido a mi vida...

Naiara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario